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lunes, 27 de mayo de 2013

Uruguaya se opone ante el MSP a que le realicen mamografías


El British Medical Journal publicó la historia de una uruguaya que se niega a que le realicen mamografías. El BMJ cuestiona que Uruguay obligue a realizarse un estudio que tiene efectos adversos. Médicos uruguayos recuerdan que salva vidas.

Leticia Costa Delgado
María no quiere que le hagan mamografías. Así de simple y así de complejo. Tiene 52 años, dos hijos adultos y en su familia no hay antecedentes de cáncer de mama. Asegura que no tiene por qué temer que le aparezca algún tumor y que no necesita hacerse un estudio que la irradie "solo por la posibilidad de que aparezca algo".
En cualquier otro país esto no pasaría a ser más que una anécdota. Cuestionable o no, pero una anécdota de la cual solo ella y su familia deberían asumir las consecuencias, fueran positivas o negativas.
Pero en Uruguay las mujeres que trabajan y tienen entre 40 y 59 años deben sí o sí realizarse una mamografía al menos cada dos años porque de lo contrario no les renuevan el carnet de salud. Desde el año 2006 el decreto de N°571/006 determina como requisito para expedir el carné de salud básico a las mujeres en todo el territorio nacional, la presentación del resultado de los exámenes de papanicolau y de mamografía vigente.
Detrás de este decreto hay dos números: 653, que son las mujeres que cada año mueren en Uruguay por cáncer de mama (cifras de 2010) y 1.754, que son los casos que se detectan en promedio durante un año. Estas cifras hacen de Uruguay uno de los países con índices más altos de cáncer de mama. Y la mamografía es vista como un estudio que detecta los tumores en etapas muy tempranas, donde su tratamiento puede asegurar un mejor pronóstico para la mujer.
En el caso de María (no es su nombre real, pidió conservar el anonimato) se hizo su primer mamografía en 2005, y luego repitió el estudio en 2008 y 2010. "En 2011 fui a hacer una visita de rutina al ginecólogo. Me mandó a hacer el PAP y me indicó que me hiciera una mamografía", relata en diálogo con El País. "Le dije que no, que ya me había hecho una el año anterior (para el carnet de salud), que por qué me iba a hacer otra y me dijo que tenía que hacerme una todos los años". En Uruguay los médicos recomiendan hacerse el estudio anualmente a partir de los 40 años.

María se negó no solo a hacérsela esa vez sino que presentó una solicitud ante el Ministerio de Salud Pública para que la exoneraran de volver a realizársela cuando venciera su carnet de salud (setiembre de 2012). "Me amparé en la ley de los pacientes y los usuarios de salud (Ley Nº 18.335) que en el artículo N°11 dice bien claro que te podés negar a un procedimiento diagnóstico sin dar explicaciones de por qué", subraya.
La petición fue presentada en febrero de 2012 al Ministro de Salud Pública, (entonces Jorge Venegas), quien no se pronunció sobre el asunto. El expediente giró entre oficinas y para cuando el carnet de salud se venció, María lo renovó y se lo dieron por seis meses, por no tener el estudio.
Al día de hoy el caso se encuentra ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo y María dice que seguirá renovándolo cada seis meses pero se mantendrá firme en su petición.
El artículo. ¿Qué razones hay detrás de tanta determinación? Las mismas que han costado ríos de tinta en los últimos años a las cátedras y sociedades científicas especializadas de todo el mundo.
La mamografía tiene tres efectos adversos: detecta falsos positivos (lesiones sospechosas que no son malignas), puede sobrediagnosticar o sobretratar (las mujeres pueden recibir tratamiento sobre lesiones que nunca hubieran evolucionado en cáncer) y expone al cuerpo a sustancias radiactivas.
Por eso cuando María entró en Internet a ver si sus miedos y sospechas habían sido debatidas en países del primer mundo encontró eco. Uno de los médicos con los que se contactó fue Juan Gérvas, médico, profesor e investigador español que fue presidente de la Red Europea de Investigación en Medicina General.
Gérvas le manifestó que no tenían por qué obligarla a realizarse el estudio y envió su caso al British Medical Journal, una de las publicaciones médicas más prestigiosas de Reino Unido. "Cuestionan screening uruguayo contra cáncer de mama en mujeres trabajadoras de 40 a 59", tituló el periódico (ver nota de apoyo) .
Al ser consultado por El País Gervas expresó: "internacionalmente es incomprensible la exigencia de Uruguay de la realización de la mamografía de cribado (preventiva). Respecto a la prueba en sí, hay dudas sobre el balance entre daños y perjuicios y además la imposición (de un estudio) es algo increíble en salud pública en el mundo".
Repercusiones. Gustavo Febles, director de la Escuela Uruguaya de Mastología y médico imagenólogo de la Unidad de Diagnóstico Mamario del Hospital Británico, admitió los efectos adversos que tiene la mamografía pero aseguró que las principales sociedades científicas de la especialidad en el mundo avalan estudios que prueban que realizarla periódicamente reduce la mortalidad.
"Los falsos positivos pueden darse incluso en porcentajes altos de un 30, 40, incluso hasta 50 por ciento, pero es el precio que hay que pagar para detectar una enfermedad maligna a tiempo de ser curable", dijo el experto categóricamente.
Por su parte, Enrique Barrios, coordinador del Registro Nacional del Cáncer dijo que es verdad las mamografías son cuestionadas y que la radiación que recibe el cuerpo, si bien es baja, se va acumulando. A medida que hay más exposición aumenta la probabilidad de que una molécula radiactiva comience el proceso que conduce a un cáncer, comentó.
Pero tanto él como Febles consideraron que como contraparte de estos riesgos o efectos adversos existen muchas mujeres que salvan su vida porque el cáncer se les detecta a tiempo.
En Uruguay el estudio es obligatorio para el carnet desde 2006 pero el impacto no se ha visto reflejado en las cifras de mujeres que padecen la enfermedad. Para Febles este es porque el impacto de medidas así se ve a largo plazo, después de décadas de implementadas.

En el mundo se discute cuándo y cómo indicar las mamografías

La mamografía o mastografía consiste en una exploración diagnóstica de imagen por rayos X de la glándula mamaria. Estos aparatos disponen de tubos de emisión de rayos X especialmente adaptados para conseguir la mayor resolución posible en la visualización de las estructuras internas de la glándula mamaria. Uruguay tiene un lugar en la historia del estudio en sí porque el médico uruguayo Raúl Leborgne categorizó las microcalcificaciones, elementos principales en el diagnóstico precoz. La realización del estudio cada uno o dos años permite detectar lesiones antes de que sean palpables mediante el tacto. Médicos de EE.UU. o Europa cuestionan que a veces no son malignas y se expone a la mujer a un tratamiento y a un impacto psicológico sin sentido.

Uruguay citado en publicación inglesa

"Cuestionan screening uruguayo obligatorio contra cáncer de mama en mujeres trabajadoras de 40 a 59 años", publicó en su edición del 21 de marzo de 2013 el British Medical Journal, uno de las publicaciones científicas más prestigiosas de Reino Unido. "Investigaciones internacionales han alertado sobre los riesgos potenciales de las mamografías porque pueden llevar a tratamientos de tumores que nunca habrían amenazado la salud de la mujer. Un aumento del riesgo de cáncer por exposición a los rayos X ha sido otra de las advertencias", se lee en el artículo en el cual se cuenta cómo en Uruguay este estudio es realizado obligatoriamente a mujeres entre 40 y 59 años porque de lo contrario no se les otorga el carnet de salud, exigido a todo empleado.

Las cifras

50%

Es el porcentaje de falsos positivos que pueden obtenerse entre las mamografías.

653

Fueron las muertes por cáncer de mama en Uruguay en un año; equivalen a 2 por día.

El País

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