The Daily Puppy

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sábado, 29 de agosto de 2015

¿Medicación o Humanización?

bioetica_humanismoMedicación y Humanización no parecen de entrada palabras excluyentes, pero tal como está la actual medicina y los sistemas de salud con frecuencia lo son.
El Dr. Jorge Carvajal pide en su magnífica presentación “Humanización de los Sistemas de Salud“, que hay que poner alma en la medicina y que los profesionales de la salud tienen que escuchar con el corazón.
El Dr. Juan Carlos Giménez, en el artículo “Medicalización de la vida” hace una reflexión de qué es la salud, la enfermedad, quién las define, cómo las farmacéuticas manipulan a la opinión pública con la aquiescencia de los medios de comunicación.
Y en el artículo “Reserve los medicamentos para cuando son imprescindibles”, Juan-M. Dupuis expone una información muy clara del uso y abuso de medicamentos ante situaciones donde lo que el cuerpo nos está indicando es que cambiemos de hábitos de vida, donde los órganos nos gritan: “¡basta ya!”.
Vivimos en una sociedad donde queremos cambios rápidos sin que haya un cambio interno real, que los demás me quiten el problema.  Buscamos la píldora mágica que nos quite dolores, malestares y que podamos seguir exactamente con la vida que estamos llevando.
La Medicina ha avanzado tanto que ya nadie está sano”, afirmaba Aldous Huxley hace más de medio siglo.
Ante el aumento de los problemas de diabetes, artrosis, enfermedades cardíacas, cáncer, depresión, insomnio, demencias y enfermedades neurodegenerativas, entre otras muchas, la medicina ha reaccionado con gran cantidad de medicamentos que no hacen más que enmascarar los síntomas de las enfermedades.
Sin embargo, añadir medicamentos químicos a unos hábitos de vida que, de entrada, no le convienen a su organismo, sólo deteriorará aún más su salud.
No hay que pecar de ingenuos, pues la mayor parte de los problemas de salud no son más que reacciones naturales de adaptación del cuerpo al maltrato que le infligimos. Se trata de mensajes que nos envían los órganos y que nos gritan: “¡basta ya!”
No corte la comunicación con sus órganos
Impedir que se expresen los órganos es abonar el terreno para que el día de mañana aparezcan problemas de salud aún más graves.
Los médicos no pueden explicarlo a día de hoy y, además, se ha estudiado muy poco este tema, ya que los presupuestos principales se destinan a investigar para encontrar nuevos medicamentos que sean rentables.
Pero yo estoy convencido de que si investigáramos en ese sentido, se demostraría muy rápido que el aumento de la tensión arterial (la hipertensión), el aumento del colesterol, la disminución de la sensibilidad a la insulina, el sobrepeso, el dolor de espalda y el de cabeza e, incluso, el insomnio y la depresión, son reacciones biológicas necesarias, una especie de bombero interior que se pone en marcha para apagar el incendio.
Pero matando al bombero no se apaga el incendio, del mismo modo que romper el termómetro no hace bajar la fiebre.
Pues bien, eso es exactamente lo que hacemos al tomar medicamentos para eliminar los síntomas de esas enfermedades.
… Los medicamentos nos impiden comprender las señales que nuestro cuerpo nos intenta enviar desesperadamente, así que debemos saber reservarlos para las verdaderas urgencias, cuando no hay solución natural posible.
Me ha gustado mucho la reflexión del Dr. Juan Carlos Giménez, “Medicalización de la vida“.  A continuación señalo algunos extractos:
La industria farmacéutica y el desarrollo tecnológico participan cada vez más en la definición de la enfermedad en términos biométricos alejados de la experiencia del enfermar, del dolor y de la incapacidad. Se etiquetan como enfermas a grandes poblaciones por el hecho de no ajustarse a unos estándares considerados interesadamente como óptimos. Se define la enfermedad ante síntomas leves, aspectos estéticos, presencia de factores de riesgo, por la probabilidad de padecerla o por el sufrimiento que causan algunos alejamientos de la normalidad o del ideal. Con esta estrategia la industria consigue expandir sus mercados y favorece la creencia de que para todo existe una solución farmacológica que está a la venta. Es decir, la salud es un producto que se vende.
Después de los profesionales sanitarios, los medios de comunicación de masas son la principal fuente de información sobre temas de salud. Su discurso condiciona en la población falsas expectativas sobre una Medicina como ciencia exacta inexistente. Los medios de comunicación favorecen la mitificación de la sanidad creando expectativas que están por encima de la realidad, sin resaltar que la medicina tiene poderes limitados y que los médicos no lo saben todo. Cada vez que se realiza un etiquetado de enfermedad, la consecuencia inmediata es que para cada proceso existe un tratamiento.
… La participación de las compañías farmacéuticas en la definición de una enfermedad es una fórmula contrastada para aumentar el número de enfermos que precisan asistencia médica y tratamiento. Las farmacéuticas defienden así sus legítimos intereses financieros. Pero estos intereses pueden significar un gasto sanitario innecesario y un problema de salud pública. Según el Britsh Medical Journal, es más fácil crear nuevas enfermedades y tratamientos, si la sociedad acepta que muchos procesos normales de la vida necesitan tratarse con medicamentos.
Es brillante la presentación del Dr. Jorge Carvajal “Humanización de los Sistemas de Salud“.

Parece que para que los sistemas de salud estén más humanizados hay que comenzar primero humanizando a los propios seres humanos y a las sociedades que han creado.

viernes, 14 de agosto de 2015

Engaños publicitarios clásicos

Coca ColaQue la publicidad está diseñada para vender productos es un hecho que todos sabemos.
Pero, ¿cuánto nos dejamos seducir por esa publicidad?, ¿mantenemos un mínimo criterio, espíritu crítico ante el bombardeo publicitario?
Lo sangrante es cuando afecta a productos no muy recomendables, especialmente para los niños, que pasan a ser productos de uso común, y a menudo considerados como “premios”.
El artículo de Juan-M Dupuis “Artimañas publicitarias contra las que debe estar alerta” nos llama la atención en concreto de tres productos “muy bien publicitados”: Coca-Cola, McDonald’s y Marlboro.  Curioso que el rojo predomine en estos tres productos.
“Millones de personas se pusieron a beber Coca-Cola, no porque fuera mejor que el zumo de manzana natural, sino porque la publicidad les sugirió que beber Coca-Cola era ser moderno y, a la vez, divertido y sentaba bien. Se pusieron a fumar para parecerse a ese cowboy seductor de Marlboro y entraron en los McDonald’s por el pretendido ambiente de fiesta del payaso Ronald McDonald.
Todo ello sin darse cuenta de la calidad deplorable de lo que consumían.”
Un tribunal estadounidense ha condenado al banco francés BNP-Paribas a pagar 10.000 millones de dólares de multa, con el pretexto de haber actuado contra los intereses de Estados Unidos.
Pues, por la misma regla de tres, yo pido a los tribunales no ya de Francia, sino de toda Europa, que con la máxima celeridad condenen a Coca-Cola, McDonald’s y Marlboro a una multa de 100.000 millones de dólares por haber dañado profundamente los intereses de los ciudadanos europeos.
Sería en legítima defensa.
Si el tribunal necesita ayuda, puedo elaborar rápidamente un informe que demostrará los efectos catastróficos que han provocado estas empresas en la salud de la población, los millones de muertos por diabetes, accidentes cardíacos y cáncer….
¿De qué son culpables estas empresas estadounidenses?
Coca-Cola, McDonald’s, Marlboro (y podría añadir tantas otras marcas estadounidenses que llegaron a Europa a lo largo del siglo XX) no son empresas como las demás.
Desde los orígenes de la humanidad, las personas compraban bebidas porque tenían sed y comida porque tenían hambre.
La increíble novedad, introducida por las empresas americanas, fue desviar la atención de los compradores de la calidad real del producto para venderles el sueño que les acompaña.
… estas empresas dejaron de invertir en sus productos para hacerlo en el envoltorio, en las fotos de famosos, en los paisajes de ensueño que evocan el Far West, en bombardeos publicitarios en todos los canales de comunicación y en acontecimientos deportivos y culturales, concursos y regalos gratuitos para los niños (la especialidad de McDonald’s).
Y para poder pagar todo esto… ahorran todo lo posible en:
  1. Materias primas: sobre todo se elimina cualquier ingrediente costoso. El jarabe de glucosa se ha convertido en la piedra angular de esta nueva industria, completada por el pan blanco, el kétchup y las patatas fritas congeladas; hay que contar siempre con productos de muy larga conservación.
  2. Mano de obra con la menor cualificación posible: no se necesitan muchos campesinos para fabricar la Coca-Cola, ni un título de cocinero para preparar hamburguesas en cadena.
  3. Utilizar ingredientes que introduzcan una dependencia en el consumidor. Es el caso evidente del tabaco, pero también del azúcar y de la cafeína que contiene la Coca-Cola, así como de los productos de McDonald’s: a fuerza de consumir estos alimentos blandos, grasos, templados y vagamente azucarados, se observa que los niños se vuelven incapaces de engullir los alimentos tradicionales. Les asquean los olores fuertes, los alimentos que no conocen, y no logran masticar lo duro, ni incluso servirse correctamente con los cubiertos en la mesa.
¿Se trata de un engaño voluntario, organizado y a gran escala? Sí, por supuesto, ya que el público estaba indefenso ante las supercherías de una publicidad basada en un profundo conocimiento de la psicología humana.  ¿Hay algo más normal que querer ser seductor, divertirse, ser guay…?
¿Se trata de un atentado contra la salud y la vida de los consumidores? Sí, evidentemente, puesto que todas las publicidades de estas empresas pretendían desviar la atención de los consumidores del contenido nutritivo real de los productos. Por el contrario, tenían como objetivo hacer creer que consumir esas bebidas, esos alimentos o esos cigarrillos vuelve la vida más festiva y feliz…
Eso no es ni inocente ni anodino, puesto que entraña consecuencias graves y es normal que sus responsables deban pagar por ello.

Este Perrito Recién Nacido Fue Abandonado Y Estaba Por Morir… ¡Hasta Que Un GATO Hizo ESTO!


miércoles, 5 de agosto de 2015

El buen hábito de la siesta exprés

Dormir es un período de actividad del mismo nivel que estar despierto. Lo único que cambia son las percepciones sensoriales, que al dormir se reducen. El cuerpo continúa con su actividad, aunque de diferente manera: se esfuerza por realizar varias tareas para recuperarse de todo el día, garantizar su mantenimiento y prepararse para el día siguiente. 

De ninguna manera podemos privar al cuerpo de esta actividad de recuperación, conservación y preparación, sin la cual se resentirían tanto nuestra salud como la calidad de nuestra “primera vida”, esa en la que nos encontramos despiertos y conscientes.

Las fases del sueño

Dormimos en ciclos de 90 a 120 minutos. Una noche de descanso está compuesta por entre tres y seis ciclos, y cada uno de ellos tiene cinco fases: 
  • El adormecimiento. A la hora a la que solemos dormirnos, nuestro cerebro segrega las hormonas que provocan bostezos y somnolencia; es el momento en el que resulta más fácil quedarse dormido. A medida que el sueño nos va invadiendo, los músculos se relajan, nuestro estado de alerta disminuye y el pulso y la respiración se ralentizan. Duración: de 3 a 12 minutos.
  • El sueño ligero. Nos hemos quedado dormidos, pero cualquier estímulo exterior (un ruido o el contacto físico) puede despertarnos. Duración: de 10 a 20 minutos.
  • El sueño lento ligero. Los signos vitales se ralentizan y se hacen más regulares. La actividad muscular es prácticamente imperceptible. Todavía escuchamos ruidos exteriores, pero ya no nos despiertan. Duración: 10 minutos.
  • El sueño lento profundo. Ocupa la mayor parte de nuestro descanso. La temperatura disminuye y los signos vitales son completamente regulares. El cuerpo y el cerebro se encuentran en reposo. Duración: de 15 a 20 minutos.
  • El sueño paradójico: la actividad eléctrica de los ojos y el cerebro gana en intensidad. La mente está despierta, pero no percibe el entorno. El pulso y la respiración son irregulares. El consumo de aire y glucosa es tan alto como cuando se está despierto.
El ritmo de las ondas eléctricas del cerebro durante el sueño paradójico es similar al de cuando estamos despiertos. Aunque el cuerpo se encuentre inerte y la persona dormida, el cerebro está muy activo. Por eso a esta fase se la denomina sueño paradójico. Ocupa el 20% del primer ciclo y, a medida que la noche avanza, es cada vez más larga. Dura entre 15 y 20 minutos y equivale al 25% de nuestro descanso total.

Por qué hay que dormir

Dormir permite estimular las defensas inmunitarias, la gestión del potencial energético, el crecimiento, la regulación de la temperatura y la presión arterial, el descenso del estrés y la tensión, la conservación de la memoria, el aprendizaje, la producción hormonal y la división celular.

En concreto, el sueño lento (tanto el ligero como el profundo) permite al cuerpo recargar sus reservas de energía para el día siguiente y recuperarse físicamente, y hace que los órganos y tejidos dañados por los esfuerzos se regeneren. Durante la fase de sueño lento profundo tiene lugar la división celular y la producción de la hormona del crecimiento, que hace crecer a los niños y que en los adultos tiene un efecto “rejuvenecedor”. 

El sueño paradójico es el momento de la noche consagrado a los sueños. Permite recuperarse de la tensión nerviosa, ordenar los recuerdos de la jornada, grabar la información y olvidar aquello que nos resulta inútil.

Aunque durante el sueño paradójico se produzca una gran actividad cerebral acompañada por un gran consumo de energía, este tipo de sueño es fundamental para la mente. De hecho, a diferencia del sueño lento, que resulta reparador desde el punto de vista físico, el sueño paradójico lo es desde el punto de vista mental.

Los síntomas de la falta de sueño

Afirmar que una noche de descanso tiene que durar un número concreto de horas y que esa cifra es válida para todo el mundo es un disparate.

Cuando nuestras noches son demasiado cortas, aparecen una serie de síntomas:

  • Bostezos. Una inspiración larga, una breve apnea, a continuación una espiración corta, seguida a veces de lagrimeo o estiramientos… todo ello permite estimular la vigilancia y proporciona una corta sensación de bienestar, a pesar del cansancio.
  • Ojeras. Aumenta la cantidad de sangre en el contorno de los ojos, donde la piel es extremadamente fina, produciendo un color oscuro. La transparencia de la piel depende de cada persona, lo que explica que a algunas personas se les noten más que a otras las ojeras.
  • Necesidad de excitantes. Cuanto más tiempo estamos despiertos, más adenosina -la hormona del cansancio- acumulamos. Este neurotransmisor se fija sobre los receptores del sistema nervioso y nos avisa de que necesitamos descansar. Los excitantes como el café no eliminan la fatiga, se conforman con esconderla, impidiendo a la adenosina que se fije sobre los receptores. El estado de vigilancia se ve temporalmente reforzado, pero eso no disminuye la necesidad de dormir.
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Continúa el e-letter de hoy: 

Una solución ante una noche de poco descanso

La siesta es imprescindible para aquellos que se deben conformar con un tiempo de descanso nocturno menor del que necesitarían, tanto por motivos profesionales o escolares como por cualquier otra razón (haber prolongado una salida nocturna, haberse quedado viendo la tele hasta más tarde de lo que se pensaba...). La siesta les permite entonces saldar su “deuda de sueño”.

Pero no sólo en caso de déficit de sueño resulta beneficiosa la siesta, sino que lo es para todo el mundo. La somnolencia que experimentamos después de comer no se debe a la digestión (aunque una comida copiosa pueda acentuar el efecto), sino a una necesidad del cuerpo, que reclama un poco de descanso. Nuestro ritmo de vida se divide entre períodos de actividad y períodos de relajación y hay que saber cómo alternarlos. 

¿Siesta “exprés” o siesta “a cuerpo de rey”?

La siesta exprés dura entre 10 y 20 minutos. Es demasiado corta como para que caigamos en un sueño profundo, permite que nos relajemos y también que nos despertemos a una hora fijada por nosotros mismos.

Por el contrario, la siesta a cuerpo de rey (de una hora o más) se consigue dejando que nos despertemos de manera natural. Tras esa siesta, al salir del sueño paradójico o del sueño profundo, la mente está confusa y tiene una sensación desagradable que tarda en desaparecer. Cuando se encuentre en esa situación, algunos ejercicios de gimnasia le servirán para despejar la mente. 

Las siestas exprés no sólo son buenas cuando necesita un pequeño sueño reparador tras una noche en la que no ha dormido lo necesario. Por el contrario, son beneficiosas todos los días. Como en toda disciplina, sólo se puede llegar a dominarla con entrenamiento. Al despertarse, se encontrará más descansado, más alerta, más dispuesto y menos tenso. 

La siesta a cuerpo de rey quedaría entonces reservada para algunos casos concretos:

  • Niños.
  • Trabajadores en turnos de noche; es obligatorio desayunar y descansar desde que se deja de trabajar y en las mejores condiciones posibles (es decir, sin riesgo de sufrir interrupciones).
  • Antes de una noche en la que se prevé que no se va a descansar lo suficiente. Se trataría de dormir después de mediodía anticipándose a un trabajo de noche o a una salida nocturna.
Cuando ha dormido mal, le resultará muy fácil echarse la siesta. Si se encuentra verdaderamente cansado, podrá hacerlo prácticamente en cualquier sitio. Yo mismo, que tengo de siempre un sueño ligero, suelo dormir la siesta muy a menudo. Y mientras que para poder pasar una buena noche necesito unas condiciones especiales (oscuridad, silencio, calidad del colchón, temperatura moderada, etc.), después de comer me resulta muy sencillo echarme una siesta exprés de 5 a 10 minutos. 

Aunque prefiero con diferencia estar tumbado en un sofá para la siesta exprés, puedo conciliar el sueño casi en cualquier sitio si no queda otro remedio. Me acuesto boca arriba, me aíslo un poco (tapándome los ojos con lo que sea), respiro profundamente varias veces… y caigo dormido en segundos.

Su efecto es extraordinariamente beneficioso. Esos pocos minutos me sirven para ganar más horas (sí, horas) de trabajo productivo al final del día. Y por la noche, me permiten escribir el siguiente Tener S@lud

¡A su salud!

Juan-M Dupuis 

Un fotógrafo británico convierte en arte a los perros de caza abandonados en España

Publicado: Actualizado: 
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Martin Usborne está en los medios estos días por ser el protagonista de un acto de justicia poética. Este fotógrafo británico se ha dignado a recoger la belleza de los perros españoles abandonados, sobre todo esos galgos y podencos que ya -dicen sus dueños- no sirven para la caza y a los que por eso hay que echar o colgar de un árbol, inservibles.
La elegancia de estos canes, la dignidad y tristeza de su mirada -la del fiel amigo traicionado que no entiende cómo le pagan así su lealtad- es el centro de su trabajo, hecho de luces y sombras sobre sus costillas, sus patas flacas, el rabo escondido entre las piernas por el miedo.
Todas sus imágenes han sido tomadas en centros de acogida de Andalucía, en los que los animales se estaban recuperando de sus heridas. Como verás en nuestra galería, algunos aún llevan vendas. Tan reciente es su calvario.
Los protagonistas de estas fotos fueron afortunados y acabaron en manos amigas, y no con el cuello roto o ahogados en un pozo o un río. Usborne acompaña algunas imágenes de los animales con los escenarios en los que habitualmente aparecen los cuerpos de sus hermanos, en charcas, cunetas, caminos rurales...
Como explica en su web y el Facebook, lo ha hecho con todo el respeto por estos animales, como un homenaje, e inspirándose en las pinturas de Diego Velázquez, a quien admira profundamente, y en cuyos cuadros los perros son siempre tratados con el cariño y la dignidad que merecen. ¿Es o no emocionante?
  • MARTIN USBORNE PHOTOGRAPHY / FACEBOOK
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