The Daily Puppy

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sábado, 1 de febrero de 2014

Los sentimientos no se clonan
Cuántas veces leímos o vimos alguna película cuya trama giraba en torno al hombre que pierde a un ser querido y trata de recuperarlo….a partir de una célula, en el laboratorio.
En aquellos momentos esto era solo ciencia ficción y por tanto no resultaba común escuchar a alguien mencionarlo. Hasta que llego Dolly, la ovejita clonada en Escocia a imagen y semejanza de la oveja matriz y con ella grandes controversias que más de alguien recordara y que aun persisten desde el punto de vista moral.
Luego se sucedieron otros intentos, y llego el temido momento cuando el líder de la secta raeliana anuncio el supuesto éxito en la clonación de un ser humano, una niña a la que llamaron Evita. (nadie ha podido ver a la niña y sería muy difícil legitimar el paso dado por los científicos raelianos). A partir de ese momento se dio de que hablar, muchos gobiernos se manifestaron contrarios a la clonación humana y legislaron en cuanto a regular la investigación científica en el ser humano y la prohibición de clonación, otros al parece no se inmutaron y los laboratorios iniciaron una dura lucha de competencias por ser los primeros en lograr una clonación exitosa. Lo cierto es que resulta cuestionable, cuan ético puede resultar el propósito de multiplicar personas o clonarse por egoísmo o vanidad y más aun si se esos clones son para extraer sus órganos. Tal manipulación sería altamente discriminatoria y atentaría contra la justicia social, la comunidad humana y la convivencia de nuestra comunidad.Los argumentos en contra sobran, puesto que aun no existe un dominio suficiente sobre el proceso, la propia Dolly debió ser sacrificada producto de una enfermada pulmonar incurable, fruto de un envejecimiento prematuro resultando preocupante aun mas para quienes tendrían en sus manos la posibilidad de fabricar nuevas vidas.
Esta última materia parece ser la más sensible, para muchos, pues solo aquellos capaces de pagar fuertes sumas podrían eventualmente recuperar a familiares, seres amados o a quien se les ocurra. Quizás pretenderían escoger a sus hijos, su color de ojos, piel, estatura y pelo, en ese futuro que llegará un día. Otros temen por el sufrimiento que ocasionarían a los nacidos a partir del inacabado método. ¿Sería humano concebir una criatura con retraso, malformaciones o una calidad de vida por debajo del resto de sus semejantes?
Probablemente para muchos de nosotros sería un hermoso sueño el poder revivir a alguien de quien no quisiéramos separarnos jamás, un padre, una madre, un hijo o una hija… pero ¿habría lugar en este mundo de hoy para tantos de ellos? ¿Todos tendríamos acceso a ese retorno? ¿Qué sería de este procedimiento en manos de un loco? Tal vez el mañana nos regalará la clonación de cuerpos, aunque nunca de sentimientos.

EL DIARIO DE ATACAMA

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