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miércoles, 1 de enero de 2014

EJEMPLOS DE GENTE SOLIDARIA

Dos ejemplos

"Cuando la realidad quema, la solidaridad brota"

Viven para ayudar a los demás. La monja, en Córdoba, da de comer a 1.350 chicos y montó una impresionante red de ayuda social. Rosario, en la Puna jujeña, creó una organización que brinda salud y trabajo a 3.000 collas. Reunidas por GENTE, compartieron sus experiencias. Un ejemplo de amor al prójimo.
 



Una tiene 61 años, es monja, y vive en el norte cordobés. La otra tiene 43, siete hijos, y vive en el norte jujeño. Se podría pensar que nada tienen en común estas dos mujeres, excepto el género y cumplir años en dos días seguidos de octubre, el 3 y el 4. Sin embargo, la hermana Theresa V arela y Rosario Andrada de Quispe comparten mucho: dedican su vida a ayudar a su gente. Sus obras son tan enormes que ambas ganaron el derecho a pintar su alma con la piel azul del cielo.

Se conocían de reojo desde 1999, cuando Theresa debía entregar el galardón a la Mujer del Año que había obtenido doce meses atrás, y Rosario integraba el pelotón de postulantes. Por fin en Córdoba, durante un encuentro de Organizaciones No Gubernamentales, se miraron de frente, y en minutos ya se hablaban al oído como amigas, tomadas de la mano. El diálogo entre las dos fue como un oasis, aunque para llegar hasta aquí, en el camino, hayan sobrado las piedras. Arrancó la jujeña.

Rosario: -En la Puna las cosas están más o menos igual, nunca le han dado mucha importancia a la región. Pero se siente un poco más la falta de trabajo, de salud y educación.
Theresa: -En el norte cordobés, en los barrios periféricos de las ciudades, se nota una leve mejoría. Pero en la zona rural de las salinas la cosa no mejora. Sin embargo, noto que hay más esperanza, y eso les hace mejorar.

-¿Cómo se generan esperanzas en medio de la decepción general?
Theresa: 
-Con tu misma presencia. Ayudamos a encarar pequeños emprendimientos con productos de la tierra: una huerta, dulces caseros... Ahora buscamos una cooperativa para usar la leche de cabra y hacer quesos. Como la parábola, les enseñamos a pescar, a conseguir la red, y luego los soltamos mar adentro.
Rosario: -La misma gente de la Puna se genera la esperanza. Faltan tantas cosas, que aprendimos que sólo juntos podremos revertir la situación.

BANCOS PUNEÑOS. Rosario empezó ayudando a las mujeres collas para evitar que murieran de cáncer de cuello de útero. La impotencia que le dio ver a su tía sucumbir por esta causa la hizo luchar contra viento y marea. Así encontró al ginecólogo Jorge Gronda, con quien pudo empezar su obra. Hoy, alrededor de 800 mujeres del grupo Warmi Sayajsunqo ("mujeres perseverantes", en quechua) trabajan para promover la salud. Pero esta mujer bajita, humilde, luchadora, de trato delicado pero contundente, fue por más. Gracias a su esfuerzo, el año pasado, la ONG Avina -una institución suiza que ayuda a quienes ayudan- les dio 145 mil dólares.

"Con ese dinero diseñamos un sistema de crédito de acuerdo con nuestras posibilidades de devolución y nuestra producción en la Puna. Las comunidades eligieron una comisión, promotores, líderes, tesoreros, y nosotros los capacitamos en cómo manejar la plata, cómo operar con un banco, cómo son los intereses y cómo cobrar. Se formaron pequeños 'banquitos': les entregamos el dinero en función de la cantidad de socios de cada grupo, y ellos deciden a quién prestarle el dinero, cuáles son los mejores proyectos. Algunos tienen 12 mil pesos. ¿Qué pretendemos con eso? Que los banquitos generen, de alguna manera, independencia".

Con esa plata se hicieron alambrados, se sembraron pasturas, se mejoraron sus artesanías, se compraron mejores machos para las llamas. Hoy tienen 1.480 socios, y hay unos 50 bancos funcionando en la Puna. A partir de setiembre, Avina dará unos 70 mil pesos más. Mientras tanto, la gente va devolviendo los préstamos. "Este año queremos abrir nuevas líneas para los chicos y para construir viviendas", asegura Rosario, quien agrega: "Lo que genera confianza es que les damos la plata y cumplimos con los proyectos, porque antes, pese a las promesas, nunca les habían dado nada".

COMEDORES CORDOBESES. Theresa Varela decidió trabajar por los niños el día que vio a una mujer que arrastraba a un nene de los pelos por la calle porque el chico no había conseguido monedas suficientes. Hoy da de comer a 1.350 pibes del norte cordobés. "Con la ayuda de Arcor inauguramos cuatro centros comunitarios, que se sumarán al que teníamos, y costaron 96 mil pesos. Allí capacitamos mujeres en nutrición y en talleres especiales para autosustentarse: hacen dulces, velas, jabones, costura. Y estamos iniciando a los hombres en la fabricación de bloques, desarrollando una prueba piloto de erradicación de ranchos. Los primeros bloques son para que cada uno se haga su casa; después podrán empezar a venderlos", cuenta con orgullo.

Por otro lado, la Fundación Por un Mundo Mejor (de Jorge Guinzburg y Carlos Bianchi, quien donó para la obra de la hermana los 14 mil dólares de su cachet como comentarista del partido Argentina-Brasil junto a Marcelo Tinelli por Radio Show) está construyendo una "aldea solidaria", con un centro de capacitación, un polideportivo y un centro de espiritualidad: "Para que los chicos puedan aprender oficios y aprovechar lo que las mismas sierras les dan, y para que no salgan de su tierra, porque hay valores que se pierden cuando salen para vivir en una villa".

-¿Y el Estado está ausente de la ayuda?
Rosario:
 -En algunos casos nos dan planes Trabajar, para la construcción de nuestro centro o para capacitación. Pero son cosas aisladas. Es más, nos acusaron de tener un plan paralelo de salud cuando inauguramos nuestra propia clínica.

Theresa: -A nosotros nos pasó algo similar cuando Carlos Bianchi nos apoyó para construir el centro. Varias veces nos acusaron de querer trabajar solos, y nos dijeron que había que aunar esfuerzos. Nosotros recibíamos algunos planes Trabajar, que había que pelear mucho. A las mujeres les decimos que no hay que depender tanto, porque a veces uno se siente como rehén. Ahí fue cuando empezamos a hacer proyectos autosustentables y a ganar mejor. Vamos a salir adelante.

VIDAS PARALELAS. Theresa y Rosario vienen de realidades muy distintas. La monja nació en Cabo Verde, Africa, y fue una de los diez hijos de una familia medianamente acomodada. A pesar de la oposición de sus padres, entró al convento a los 18 años. Rosario, en cambio, nació en Puesto del Marqués, a 22 kilómetros de Abra Pampa, y era hija de un minero.

-¿Cómo nació esta vocación solidaria?
Rosario:
 -Me tocaron de cerca las muertes por cáncer, y el dolor de ver que hay alguien que no tiene ni cómo ir hasta el médico me hizo trabajar por la salud. El hospital más cercano que hay en Abra Pampa queda a 220 kilómetros, en San Salvador de Jujuy. Y hay mujeres a las que les queda más lejos todavía.
Theresa: -Mi vocación partió del gran amor que tengo a lo que hago. También lo mamé en la cuna, porque mi familia era muy solidaria. Mi mamá decía que donde hay gente que muere de hambre es porque hay gente que muere de riqueza.

-¿Sigue teniendo fuerza la palabra solidaridad en la Argentina?
Rosario
: -Hay gente que se pone el sello de la solidaridad, pero después no hace nada. Nosotros, los collas, siempre fuimos solidarios entre nosotros, de otra forma no habríamos sobrevivido 500 años.
Theresa: -La palabra solidaridad es como la palabra amor. Por más que se la gaste, no se vacía de contenido. Se la usa mal en todo el mundo. Sin embargo, en este país hay pocos muy egoístas. Y cuando la realidad quema, como ahora, la solidaridad brota.
Mariana Winocur
fotos: Bibiana Fulchieri y archivo Atlántida

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