The Daily Puppy

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jueves, 7 de marzo de 2013



¿Por qué no hablamos más de esta pandemia?

Cementerio
Es un tema en que las cifras son inversamente proporcionales a las palabras. Porque aunque son miles, casi no se habla de ellas.
Las víctimas del feminicidio son una voz silenciada en los medios. Cuando mucho llegan a ser portada de la crónica roja. Pero pocas veces analizamos sus orígenes o estudiamos si los gobiernos están haciendo lo suficiente para frenarlo.
Al menos no lo hacemos con el mismo ahínco con que buscamos entender la guerra en Siria, las consecuencias de una posible desaparición del euro o la posesión de armas en Estados Unidos.
Y aunque los expertos coinciden en que son millares las mujeres las mujeres que mueren asesinadas en el mundo por el simple hecho de ser mujeres, es imposible saber cuántas son exactamente.
Cada país lo mide con distintos parámetros y hay algunos en que ni siquiera está tipificado como delito.
Se sabe, sin embargo, que en América Latina es un problema social enorme, que la Organización de Estados Americanos incluso calificó en un informe como una "pandemia".
¿Por qué entonces no le dedicamos más espacio?
Muchas veces, cuando discutimos temas como éste en la redacción, nos da miedo caer en el amarillismo, escribir notas panfletarias o sonar como ONG. Tampoco estamos seguros de cuánto interés generan en el público.
Son temores absurdos, pero tengo que reconocer que hay ocasiones en que nos han frenado. Al no insistir en dar con el ángulo y el tono adecuado, archivamos la historia y la dejamos morir.
Tenemos por suerte honrosas excepciones como los testimonios de seis víctimas de violaciones alrededor del mundo que acabamos de publicar.
Y este año, en el Día Internacional de la Mujer -que está justamente dedicado a la violencia en su contra- destacaremos un especial sobre el feminicidio, que incluye casos emblemáticos, el drama de los familiares de las víctimas y los victimarios, la opinión de expertos y un mapa que intenta dar cuenta de la magnitud del problema a nivel latinoamericano.
Pero a riesgo de equivocarme -y ojalá así sea- me atrevo a apostar que no serán muchos los que lo leerán. Y como editora y mujer no dejo de preguntarme cómo generar más interés en temas como éstos, cómo hacerlos atractivos, como lograr que tú, que estás leyendo este blog, quieras saber del de él.

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