domingo, 17 de julio de 2011

Reportando de Transgenia IV

Reportando de Transgenia IV


Las vacas del enorme establo eran curiosas en extremo: su forma era bóvida indiscutiblemente, pero eran casi lampiñas y de blanca dermis, el aroma que flotaba en el ambiente le resultó inquietantemente conocido, aunque no podía acertar a nombrarlo.

Caminó con la comitiva por seis o siete minutos, observando las vacas de ubres generosas y su hábitat ordenado y en extremo aséptico. Esas vacas en particular, explicó el cicerone, eran holandesas con genes lactogénicos humanos, la leche de esas vacas era equivalente a la leche de mujer, pues sus ubres eran genéticamente alteradas; su venta estaba asegurada y a precios innombrables.

En seguida les mostraron el salón de ganado para carne y quedaron pasmados ante semejantes ejemplares: versiones de Hulk vacuno, que rebalsan músculo por sus cuatro costados; incluso vieron ejemplares experimentales con hipertrofiados lomos u otra parte comercialmente favorita.

Cuando le expusieron una sandía modificada genéticamente que producía una pasta similar al pate de hígado, su tolerancia se esfumó recordando precisamente los inquietantes sabores que había sentido en los bufetes visitados en Transgenia hasta esa fecha.

El clímax llegó cuando se detuvo ante una jaula y una enorme pechuga con minúsculos ojos y atrofiadas extremidades, le guiño un ojo; tuvo que buscar urgentemente un baño. Resolvió rechazar la oferta de la empresa; él no estaba preparado para un mes y medio en Transgenia.



Oscar Achá Espinoza (achachila) 
Gracias, querido amigo!
¿Ciencia ficción? Ojalá!!!

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