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martes, 5 de abril de 2011

Los trabajadores utilizaron el lunes un tinte blanquecino para tratar de hallar el origen del agua radiactiva que se filtra de una planta nuclear averiada por el maremoto y que está acabando en el océano.
La grieta hallada el fin de semana en una fosa de mantenimiento es la confirmación más reciente de que la radiactividad se sigue escapando al medio ambiente.
Esta fuga es un síntoma de los problemas que afronta el complejo de Fukushima Dai-ichi: que el agua radiactiva se está acumulando alrededor de la planta e impide a los empleados encender los sistemas de enfriamiento que estabilizarían los peligrosamente vulnerables cátodos de combustible.
TEPCO, la compañía operadora de la planta, arrojó deliberadamente 10.000 toneladas de agua contaminada —con 500 veces el límite legal de radiactividad— al océano el lunes a fin de hacer espacio en un sitio de almacenamiento para agua que es todavía más radiactiva.
Los ingenieros han usado varios métodos improvisados e incluso extraños para poner bajo control la planta nuclear después de que la dañó el sismo de magnitud 9,0 y el tsunami del 11 de marzo.
Los esfuerzos hechos el fin de semana para tapar la fuga incluyeron la aplicación de un polímero especial, aserrín y hasta retazos de papel periódico, pero todos fracasaron. El agua de esa fuga contiene yodo radiactivo a tasas 10.000 veces por encima del límite legal.
Por la sospecha de que podrían estar enfocados en el lugar equivocado de la fosa, los trabajadores trataron de confirmar la fuga arrojando al sistema varios kilogramos de sales para baño que le dan un tono blancuzco al agua, dijo el lunes TEPCO.
"Podría haber otros posibles pasajes por los que el agua esté filtrándose. Debemos observar cuidadosamente y contenerla tan pronto como sea posible", dijo Hidehiko Nishiyama, portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial.
El agua se ha acumulado por toda la planta debido a que la compañía operadora se ha visto obligada a implementar métodos improvisados para bombear agua a los reactores, y dejar que salga por donde pueda, para bajar las temperaturas y la presión en los núcleos.
Funcionarios gubernamentales admitieron el domingo que probablemente pasarán varios meses antes que los sistemas de enfriamiento sean restaurados completamente y aún si eso ocurre, se necesitarán años de trabajo para limpiar el área alrededor del complejo y descubrir qué hacer con todo ese desecho tóxico.
Los métodos improvisados de bombear agua al interior de los reactores dificultan la contención de la fuga, pero evitan que los rodillos de combustible entren en un proceso de fusión total que liberaría aún más radiactividad en el ambiente.
"Debemos seguir enviando agua al interior de los reactores para enfriarlos y evitar un mayor daño, aun cuando exista un efecto colateral, que es la fuga", dijo Nishiyama. "Queremos deshacernos del agua estancada y descontaminar el lugar para que podamos regresar a nuestra tarea primaria de restaurar el sistema sostenible de enfriamiento lo más pronto posible".
Con ese fin es que se arrojaron las 10.000 toneladas de agua al mar el lunes. El gobierno decidió permitirlo por considerarla "una medida de emergencia inevitable", dijo el secretario del gabinete Yukio Edano.
La radiactividad se disipa rápidamente en el océano. Edano dijo que el agua vertida no afectará los alimentos provenientes del mar en la región.
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El periodista de The Associated Press Ryan Nakashima en Tokio contribuyó a este despacho.

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