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viernes, 1 de noviembre de 2013

México: quieren que los refrescos paguen los daños a la salud

A veces, ser el primero puede ser un gran problema. México tiene uno de los índices de obesidad más altos del mundo: 37,2% de los adultos mexicanos sufren de sobrepeso.
Según cifras dadas a conocer en 2011 por el Ministerio de Salud, el costo de tratar enfermedades relacionadas con la obesidad (como la diabetes, en especial del tipo 2) equivalía al 1,2 del Producto Interno Bruto (PIB).

Algo difícil de sobrellevar para cualquier sistema de salud del mundo.
Según sus proyecciones, en 2017 el gasto directo será de US$6.500 millones. Sumando los costes indirectos de la obesidad, como la pérdida de productividad laboral, México tendría que enfrentar una factura de hasta US$14.000 millones.
Por ello, en los últimos años, el gobierno ha aumentado sus esfuerzos para combatir esta epidemia, como reducir los niveles de azúcar y grasas de los desayunos escolares o retirar los alimentos procesados de las máquinas expendedoras de centros escolares.

En cifras

  • Siete de cada 10 mexicanos tienen problemas de obesidad, según una encuestra nacional realizada en 2012.
  • 37,2 de los adultos mexicanos tienen sobrepeso. Ocupa el segundo lugar a nivel mundial después de Estados Unidos.
  • Uno de cada diez adultos sufre de diabetes. El 90% es diabetes tipo 2. Trece de cada 100 muertes en el país son provocadas por esta enfermedad.
  • México ocupa el tercer lugar en el mundo por muertes relacionadas con la obesidad.
  • Según cálculos de un legislador que apoya el impuesto, el gobierno recogería alrededor de 13.000 millones de pesos (US$1.000 millones) anuales por concepto de este gravamen.
Ahora, el actual gobierno está dando el que algunos consideran como el paso más atrevido: un impuesto para los refrescos.
El pasado fin de semana, la Cámara de Diputados aprobó (dentro del más amplio paquete de reforma hacendaria) un impuesto de un peso -8 centavos de dólar- por litro de bebida gaseosa.
La medida es ahora estudiada por el Senado. En caso de que introduzca cambios, regresará a la Cámara. De lo contrario pasará para firma presidencial.
El plazo máximo de aprobación es el 15 de noviembre. Si pasa (algo que se da casi por descontado pues el gobierno cuenta con los votos necesarios en el Congreso) entraría en vigencia 1º de enero de 2014.

Pero, ¿sirve?

Como era de esperarse, este impuesto ha causado gran controversia en el país.
Mientras que las organizaciones no gubernmentales que lo apoyan dicen que el gravamen es un significativo primer paso, quienes se oponen aseguran que no ayudará a reducir los niveles de obesidad en el país, sólo a recaudar más ingresos para el gobierno.
Este es el punto de vista que defiende Jorge Romo, representante de la Asociación Nacional de Productores de Refrescos, que agrupa un 90% del sector en México.
"Es muy poco el porcentaje que aportan los refrescos en la dieta de los mexicanos, que es de más de 3.000 calorías. Sólo representan el 5% en el consumo de calorías. Si le ponemos impuesto a los refrescos, lo único que va a pasar es que va a subir el precio".
Jorge Romo
Los representantes de la industria de los refrescos aseguran que este tipo de impuestos no beneficia la salud.
Ante esto, Alejandro Calvillo, director de Poder del Consumidor, una de las organizaciones gubernamentales que más ha presionado a favor del impuesto, recuerda que México es el país que más consume refrescos en todo el mundo.
"Consumimos163 litros en promedio por persona (al año). Eso es más de 400 mililitros al día. Pero es el promedio. Si quitas a las personas que no consumen -que es como el 5%- y a las que sólo consumen una o dos veces a la semana, te queda un porcentaje de la población que consume 800 ml o más de refresco al día".
La nutricionista Inés Sánchez, quien trabaja en el sistema de salud estatal, cree que el impuesto puede ayudar a combatir la obesidad "siempre y cuando las empresas refresqueras no metan otra gama para poder vender más sus refrescos: pueden disminuir el tamaño, sacar otro producto más barato. Lo que necesitamos realmente es educación".

El ejemplo de Dinamarca

Quienes se oponen al impuesto a los refrescos traen a colación el ejemplo de Dinamarca que este año, después de varios de cobrarlo, decidió eliminarlo.
"Lo habían puesto en contra de las bebidas con azúcar y de algunos alimentos con grasas, pero fracasó porque las gente busca otras opciones. Entonces, si ponen un impuesto a lo mejor van a ir a consumir otros productos que resulten peores, que no sean seguros en el aspecto sanitario", indica Jorge Romo.
En México se ha reportado que el impuesto en Dinamarca sólo sirvió para que, por ejemplo, el año pasado, 57% de los daneses cruzaran a Alemania a comprar refrescos y cervezas.

La nutricionista Inés Sánchez dice que el gravámen debe ir acompañado de otras medidas.
Ante esto, Alejandro Calvillo dice: "los análisis muestran que el impuesto funciona donde hay un alto consumo y donde el impuesto es alto. Si no tienes un alto consumo es difícil que puedas ver un resultado, como es el caso de Dinamarca. Y el impuesto allí tampoco es alto".
En Estados Unidos -donde algunos estados han impuesto gravámenes a los refrescos- se ha argumentado que el gobierno no debe entrometerse en algo tan personal como la dieta.
Ante esto, Nick Finer, un experto en obesidad del Reino Unido, cree que los gobiernos "tienen un papel qué jugar porque es increíblemente difícil dejárselo a los individuos".
"Los humanos evolucionaron para sobrevivir a la hambruna, nuestros cerebros tienden a decirnos que está bien comer todo lo que podamos mientras haya, para sobrevivir en los períodos de carencia", indica.
"No hemos adaptado nuestros apetitos para vivir en una sociedad que tenga menos períodos de escasez. Por lo que tiene sentido que los gobiernos intervengan", finaliza.

"Sufro de diabetes 2"

¿Y qué piensan los directamente afectados? Armando Murillo Salgado, un profesor de primaria de 55 años, ha estado bajo tratamiento por diabetes 2 durante 15 años.
En el momento en que hablamos con él, está sentado en su cama del Hospital 20 de Noviembre, en Ciudad de México, donde se encuentra interno por complicaciones cardíacas relacionadas con su afección.
Armando no tiene ninguna duda: los refrescos contribuyeron a empeorar su condición. "Yo pienso que un 50% de esta situación tiene que ver con los refrescos embotellados, por su contenido", dice con voz ahogada.
Armando Murillo.
Aunque Armando, quien sufre diabetes 2, dice que los refrescos contribuyeron a su enfermedad, no cree que un impuesto impida que los beban.
Sin embargo, lo que sí duda es que un impuesto lo hubiera convencido de dejarlos (en la época en que aún podía tomarlos). "Lo dudo... En el refresco tú buscas el sabor, el gusto. De pronto me hubiera detenido un momento a preguntar: ¿cuánto? Pero lo hubiera comprado".
Pero incluso quienes están a favor del del impuesto creen que éste, por sí solo, no es suficiente para disminuir de manera significativa los altos niveles de obesidad.
Argumentan que, entre otros, se necesita más apoyo al sistema de salud y campañas de orientación nutricional dirigidas a los ciudadanos, incluyendo los menores de edad.
Por todo esto, tal parece que México aún tiene mucho por hacer para abandonar el dudoso honor de ocupar los primeros lugares mundiales en índices de obesidad y sobrepeso.

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