The Daily Puppy

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sábado, 2 de noviembre de 2013

La vergüenza que ocultan

Siempre me ha llamado la atención que se puedan cometer tremendas aberraciones con la, como poco, permisividad de otros muchos seres humanos, a veces, cientos, miles e incluso millones de personas mirando para otro lado sin conmoverse ni inmutarse y actuando como si no les funcionara ese sentimiento reflejo, que se entiende propio de animales racionales, que es la empatía, es decir, la capacidad de sentir identificación de un sujeto con los sentimientos de otro. Ese comportamiento, desgraciadamente reiterado a lo largo del tiempo, es lo que ha posibilitado que tremendos sucesos y horrendas respuestas jalonen la Historia de la humanidad para vergüenza de nuestra especie.
¿De verdad existen seres que disfrutan con ello?… ¿De verdad llevan a sus hijos a que lo contemplen y aprendan?… ¿De verdad puede haber quien contemple tanto dolor, tanto sufrimiento y tanta tristeza y les produzca placer?…
Por lo tanto, ¿cómo podríamos asombrarnos de ciertos salvajes, cruentos y, como poco, vergonzosos comportamientos con seres de otra especie? Y no es que no salte ese resorte sentimental denominado “empatía” y no sientan la crueldad de sus actos, porque si así fuera no tendrían tanto empeño en no dejar constancia gráfica de cómo actúan. Antes al contrario, puesto que disfrutan cometiéndolos, pareciéndoles el súmmum de la diversión como para defenderlo con tal vehemencia que justifican el uso de la violencia contra quienes defiendan lo contrario, humanos se entiende, no tendrían que tener objeción alguna en que pudiera ser captado y compartido si verdaderamente consideraran que es un acto inofensivo e intrascendental.
Por todo ello, desgraciadamente y para vergüenza de mi especie, no me extraña que haya seres humanos que cometan actos que conlleven imágenes como las que los responsables se empeñan tanto en ocultar y que, sin embargo son tan ciertas como representativas de las barbaries que cometen: sangre, trozos de piel desgarrada, ojos que imploran, angustiosos intentos por seguir respirando, sangre, jadeos, intentos de huir, continuar viviendo, desesperación, sangre, quejidos, alejarse, correr, sofoco, sangre, ahogo, lamentos, sucumbir, ¿qué pensarán en estos momentos?… para esto no les ha preparado la naturaleza… sí saben morir, saben aceptarlo con resignación y buscar cobijo como único y solitario consuelo… pero nada les preparó ni les enseñó a prever nada de esto… levantar la mirada y contemplar, animales racionales juntos jaleando su derrota, con la mirada inyectada en triunfo, inyectada en sangre, inyectada en muerte… y ya está… se han divertido… has muerto.
¿De verdad existen seres que disfrutan con ello?… ¿De verdad llevan a sus hijos a que lo contemplen y aprendan?… ¿De verdad puede haber quien contemple tanto dolor, tanto sufrimiento y tanta tristeza y les produzca placer?… ¿De verdad son seres humanos los que hay detrás de las lanzas y espadas que causan esa barbarie?… ¿De verdad son seres humanos quienes gritan “espera a que junte las manos, que así habrá más hueco entre las paletillas y le entrará más adentro la espada”, “ya saca la lengua y escupe sangre, ya está acabado”, “ya busca el refugio de las tablas, ahora sólo que clave las rodillas para clavarle mejor la puntilla”?… ¿Qué valores podemos otorgar a quienes son capaces permitirlo e, incluso, disfrutarlo?
Si todo esto es verdad, si todo esto es posible, a mí que me borren de una especie que utiliza el término “humano” como adjetivo para definir un ser comprensivo y sensible a los infortunios ajenos y sin embargo luego es capaz de producir tanto sufrimiento.
Ana Beatriz Rubio

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