martes, 4 de noviembre de 2014

Mi diecisieteavo "hijito"!!!



RESEÑA 


Hace tiempo pensé en reunir mis cuentos e incluso algún que otro poema, que tuvieran que ver intrínsecamente con Buenos Aires y aquello que la hace diferente, única. 

Será quizás el haber desaparecido de sus calles hace varios años, el no sentir el aroma que despiden sus noches de verano, o no escuchar las voces tan porteñas de sus habitantes, que hizo trepar la nostalgia a través mío como si fuera hiedra. 

Vivo en países hermanos, países amigos, países que amo también, y sin embargo… 

Nací en Mendoza, me crié en Córdoba, a Buenos Aires recién fui a vivir a mis dieciocho años, y sin embargo… 

Buenos Aires se mete en las venas aunque no quiera, aunque me agote el caos de su tránsito y el aire ya no esté transparente como antes. 
Buenos Aires es el tango, no hay duda de eso. Y es el barrio con el almacén de la esquina donde aún creen en la gente y fían, y son sus rascacielos, y también es alguna que otra soberbia, pasada de moda. Y son sus cafés, gloriosos, cafés con mesitas en la vereda si te descuidas, cafetines donde pasa la historia del mundo ante sus mesas, porque en ellas se resuelven o germinan amores y guerras. Chismosos o sabios, amores prohibidos o amigos de toda la vida, se sientan a tomar su café diario. La ciudad aún te envuelve con su paquetería, aunque aúllen los chicos de las cercanías de hambre todavía. Y caramba que da pena cómo una ciudad así, un país tan rico, tenga gobernantes tan pobres de espíritu…! 

Pero bueno, regreso a hablarles del porqué quise formar este libro. En realidad me doy cuenta que es mi homenaje para ella, para esa ciudad magnífica y tremenda - humilde quizás para toda su grandeza - pero homenaje al fin. 
Les presento: “Con sabor a tango y cafetin”. 


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Mi penúltimo "hijito"



RESEÑA: 


“Cuentos para leer, saboreando fresas con crema” es el nuevo título de la colección de cuentos “comestibles” que no engordan (sonrisas) y entretienen. 

¿Para qué volcar acá una vez más, los comentarios tan elogiosos de mis compañeros de letras? Se sabe que me aprecian mucho, y tal vez un buen porcentaje de sus alabanzas, se deban a tanto cariño. 

Sin embargo noto de la manera más objetiva posible, que voy creciendo. Considero que mis lectores se merecen lo mejor que pueda brindarles. Si bien jamás concurrí a taller literario alguno, tengo un back up importante: aprendí a leer sola y enseñé a leer a mis hijos, tanto es el amor que me inspira la lectura. Creo que no podría estar un día sin leer. Las librerías especializadas en libros usados de la ciudad donde vivo actualmente, me conocen de lejos. Cada dos o tres semanas como máximo, me ven llegar cargada con bolsas enormes repletas de libros para cambiar. Tal vez buena parte de sus ingresos provengan de mis bolsillos (más sonrisas). 

Bien, sé que los dejo en buena compañía. 


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sábado, 1 de noviembre de 2014

¿Quién es el Dr. Ryke Geerd Hamer?


flor nmgJPG            Felicidades Dr. Hamer.
Felicidades Dr. Hamer.
Nacido en la localidad alemana de Frisia en 1935, Dr.  Ryke Geerd Hamer se casaría teniendo sólo 21 años con otra aspirante a médico, Sigrid Oldenburg, sólo un año después de superar el examen de acceso para estudiar Medicina. Sin embargo, influido sin duda por sus padres -pastores protestantes- se licenciaría primero en Teología en Erlangen. Luego, en 1959 -con 24 años- Hamer aprobaría el examen estatal de Medicina de Marbourg y terminaría licenciándose en Ciencias Médicas con las especialidades de Psiquiatría y Pediatría. Formación que, por cierto, complementaría con los estudios de Física donde llegó a completar doce semestres aunque no llegó a efectuar el examen.
En 1961 obtendría el grado de Doctor en Medicina trabajando durante varios años en clínicas universitarias de Tübingen y de Heidelberg, lugar donde también ejercería la docencia. En 1972 se especializaría en Medicina Interna y efectuó investigaciones sobre “la angiometría de los tumores cerebrales”. Asimismo, obtendría diploma de radiólogo. Hamer es además inventor. Así, inventó el escalpelo eléctrico que lleva su nombre y que permite operar de forma no traumática -corta casi 20 veces más finamente que un bisturí normal- y de una sierra especial para las intervenciones óseas. También tiene patentada una couchette para masaje que se adapta automáticamente al contorno del cuerpo y un aparato que permite el diagnóstico serológico transcutáneo. Se trataba, en suma, de un médico de sólida reputación y un prestigio innegable.
Sin embargo, todo cambiaría en 1978 cuando -como contamos el pasado mes- la muerte de su hijo por un disparo le llevaría tanto a él como a su mujer a desarrollar sendos cánceres -él en un testículo, ella en una mama- no tardando mucho en relacionar ambos hechos. A partir de ese instante iniciaría una investigación que le llevaría a determinar lo que denominó “Ley de Hierro del Cáncer”, piedra angular alrededor de la cual se articularía lo que hoy se conoce como “La Nueva Medicina”.
En octubre de 1981, convencido de que su descubrimiento podía ayudar a mucha gente, decide presentarlo para su validación en la Universidad de Tübingen. ¿Y por qué en ella? Pues porque la ley alemana obliga a las universidades a pronunciarse respecto de los trabajos de los médicos doctorados en ellas y Hamer se doctoró en Tübingen.
Sin embargo, y para su sorpresa, el tribunal médico designado al efecto, en una decisión insólita, le coloca ante la alternativa de abjurar de su tesis o abandonar de inmediato su trabajo clínico en la institución. Hamer insiste en que se compruebe lo que afirma y espera. Y en mayo del año siguiente la Universidad de Tübingen le devuelve sus documentos de trabajo sobre la relación entre psiquismo y cáncer… pero sin haber efectuado verificación alguna.
Posteriormente, en 1986, viendo que sigue manteniendo sus ideas, la Universidad de Tübingen le abre un proceso para prohibirle el ejercicio de la medicina “por no querer abjurar de la Ley de Hierro del Cáncer y no asumir las tesis convencionales sobre el cáncer”. El acto se celebra en una sesión única en 1990 y en el mismo se le declara como una persona incapaz de controlarse y, por tanto, incompetente para juzgar las necesidades de tratamientos contra el cáncer. Se le inhabilita como médico. Y encima, el tribunal decreta que no existe posibilidad alguna de que se vuelva a revisar su caso. Hamer, sin embargo, acude a los tribunales y exige que la Universidad de Tübingen se pronuncie sobre los descubrimientos que presentó en lugar de limitarse a descalificarle. Y gana: en 1986 el tribunal condena a la Universidad de Tübingen a reabrir el proceso de inhabilitación de Hamer y a pronunciarse sobre lo que éste plantea. Pero la universidad guardaría silencio ¡durante 8 años!: hasta 1994. Y sólo para volver a declarar -el 22 de abril- que “en el marco del proceso de habilitación del Dr. Hamer no está prevista la verificación” de sus asertos.
Y no crea el lector que durante todo ese tiempo Hamer dejó de ser perseguido. El 21 de julio de 1988, a instancias de quienes habían decidido retirarlo de la circulación, el tribunal de primera instancia de Coblence le citó para que compareciera y decidir si estaba en su sano juicio sometiéndole a un examen psiquiátrico, algo de lo que se encargaría el profesor Horn, director del hospital psiquiátrico regional. Sin embargo, el intento de internarlo a la fuerza en una institución psiquiátrica con el fin de callarle -o, al menos, desprestigiarle- fracasa. Sólo unos meses después, el 9 de diciembre de 1988, el profesor titular de la cátedra de cancerología de la Universidad de Viena, Dr. Jórg Birkmayer, declararía -para sorpresa general- que había verificado la veracidad de la llamada Ley de Hierro de Hamer. Verificación a la que seguirían otras posteriores realizadas por equipos médicos de Munich y Chambéry. Otros colegas médicos, obviamente, se interesarían de inmediato en ello. Y el 24 de junio de 1992 se anuncia que de nuevo ha vuelto a verificarse. Así se recoge en un comunicado oficial de la Facultad de Medicina de Dusseldorf firmada por el profesor E. A. Stemmann.
Todo esto, sin embargo, no paralizaría los ataques. Es más, desde entonces los intentos de desprestigio y desacreditación del Dr. Hamer y de sus descubrimientos han sido constantes. Y así, el 21 de mayo de 1997 fue de nuevo arrestado. Resulta que, como oficialmente seguía inhabilitado para ejercer por no abjurar de sus afirmaciones, fue acusado de practicar la Medicina por asesorar a unas personas que le habían consultado sobres sus problemas cancerígenos. Por lo que la juez, en Colonia (Alemania), decidió encarcelarle basándose en tres razones. La primera, que había infringido la ley de práctica médica. Es decir, como estaba inhabilitado para ejercer como médico es obvio que sus consejos los había hecho como vulgar curandero y eso lo castiga la ley. Así que se aplicó la norma al respecto, aprobada en la época de Hitler. Muy apropiada al caso. Especialmente porque, para mayor sarcasmo, Hamer se limitó a dar unos consejos y ni siquiera cobró por ello. La segunda razón fue “no atenerse a razones”. Es decir, negarse a abjurar de sus convicciones. Una exigencia más propia de la época de la Inquisición que del siglo XXI. Y tercero, que existía el “temor fundado” de que se fugase a España. Para mayor escarnio, la resolución judicial indicaba que el doctor Hamer sólo podría ser visitado en prisión media hora dos veces al mes, previa solicitud y, a ser posible, en grupo. Medidas propias de un peligroso criminal. He de decir que seguí aquel vergonzoso proceso muy de cerca y publiqué ampliamente en su momento todo este sinsentido sufragando los gastos para que Itziar Orube, colaboradora de la revista que entonces dirigía, pudiese asistir en directo en Alemania al juicio. Han pasado varios años pero la sensación de asco ante determinados actos de ¿justicia? como éste aún me revuelven el estómago.
Cabe añadir que son muchos los médicos que verificado las afirmaciones y postulados de Hamer. Hay casi una treintena de estudios al respecto, algunos oficializados notarialmente. Sin embargo, no se les ha dado credibilidad alguna. Siempre con el argumento de que el reconocimiento oficial de algo así sólo podía hacerlo una universidad oficial. Entonces sí sería reconocida…
Pero quienes se excusaban con tal argumento mentían. Porque el 8 y 9 de Septiembre de 1998 los postulados de la Nueva Medicina fueron también verificados y confirmados oficialmente por la Universidad de Trnava, en Eslovaquia, como certificaron con sus firmas los doctores J. Miklosko -Vicerrector de la Universidad-, V. Krcmery -Decano de la Facultad- y J. Pogády -Catedrático de Psiquiatría y Presidente de la Comisión-. Una certificación que, textualmente dice:
“Durante los días 8 y 9 de Septiembre de 1998, en el Servicio de Oncología del Instituto Oncológico Santa Isabel de Bratislava, y ante la presencia del Vicerrector de la Universidad de Trnava, del Decano de la Facultad de Enfermería y Naturaleza Social de la Universidad y de diez personas más, entre docentes y catedráticos, han sido examinados siete casos de pacientes con más de veinte enfermedades. Los protocolos médicos de dichos casos, establecidos por el Dr. Hamer, se adjuntan a la presente. Se trataba de constatar la comprobación de su sistema en base a reglas científicas de reproductibilidad. Los hechos ocurrieron de la siguiente manera: de las cerca de cien pruebas que se pueden examinar en cada enfermedad según las reglas de la Nueva Medicina (no pudieron ser examinadas todas por falta de datos), en todas las que se pudo comprobar se constató que se cumplían con exactitud las leyes naturales de esta Nueva Medicina.
Los abajo firmantes aseguramos que, en su presentación, realizada en dos ejercicios de verificación, se confirma su sistema con mucha probabilidad. Valoramos en gran estima el compromiso ético, humano y paciente del Dr. Hamer así como su nueva aproximación integral al paciente.
Considerando todos estos factores estamos convencidos de que la cuestión de la pronta aplicación de la Nueva Medicina debe ser efectuada con urgencia.”
Cabe añadir que hoy son miles los médicos convencidos en todo el mundo de que Hamer tiene razón y siguen sus enseñanzas, recogidas en lo que vino a denominar “La Nueva Medicina”. A pesar de que algunos colegios médicos españoles abrieron también expedientes a algunos afiliados que decidieron seguirla. Porque también en España hay médicos que han sufrido persecución por compartir los planteamientos de Hamer. Aquellos que se atrevieron a decir que tenía razón o, simplemente, que lo que planteaba tenía sentido y había que investigarlo. Hoy, conscientes de que el sistema los aplastaría si insisten en decir lo que piensan en público, trabajan en silencio. Discretamente. Conozco a médicos de toda España en esa situación. Es más, la estrategia adoptada por los prebostes de la Oncología es hacerse los tontos cuando se les pregunta por Hamer, mirarse los unos a los otros con cara de fingida sorpresa y decir que no saben quién ese señor por el que se les pregunta. Lo he vivido varias veces, la primera de ellas durante el acto de presentación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) que dirige Mariano Barbacid. Por supuesto, todos lo conocen. Sin excepción.

EL PLANTEAMIENTO DE HAMER
Llegados a este punto, el lector que no ha oído hablar de Hamer ni de lo que postula se estará preguntando qué afirma ese médico alemán para que haya sufrido tamaña persecución. Y es sencillo: Hamer afirma que el cáncer es un proceso biológico natural que el cuerpo pone en marcha cuando alguien sufre un shock traumático inesperado. Lo que él llama un choque conflictivo biológico. Y que mientras dura el conflicto, el cáncer se extiende. Sin embargo, si el conflicto se resuelve el cáncer se detiene y el propio organismo lo hace desaparecer. Por lo que en muchos casos la mejor manera de curar un cáncer es actuar sobre el problema psíquico y emocional dejando a continuación, resuelto a ese nivel el conflicto, que actúe la naturaleza. Sin interferencia alguna. Y, por tanto, evitando radiarle, darle quimioterapia o envenenarle con otros tóxicos. Porque eso sólo agrava el problema e impide la recuperación. Es más, para Hamer la mayor parte de las muertes en los casos de cáncer no se deben a éste sino a los tratamientos que los médicos aplican intentando “curarlo”.
“En las estadísticas oficiales facilitadas por el Centro Alemán de Investigación del Cáncer de Heidelberg -cuenta Hamer- se puede leer que son pocos los pacientes que después de cinco años sobreviven al tratamiento con quimioterapia. La Fiscalía de Wiener Neustadt tuvo que admitir, por el contrario, que de los 6.500 pacientes -la mayoría con cáncer avanzado- cuyas direcciones incautaron en el registro que efectuaron en el Centro para la Nueva Medicina de Burgau sobreviven todavía 6.000 después de 4 a 5 años; es decir, más de un 90%”.
Y añadiría, atónito y dolido: “En los últimos años he sufrido amenazas de muerte, caza de brujas, persecución por los medios de comunicación y prohibición de ejercer la medicina así como diversos intentos de atentado y amenazas de psiquiatrización forzada -por distorsión de la realidad- hasta llegar a ser encarcelado todo un año simplemente por informar gratuitamente a tres personas sobre la Nueva Medicina. ¿Le parece a alguien normal?”

LA NUEVA MEDICINA
Imagino que tanto las peripecias como las afirmaciones de Hamer habrán dejado perplejos a la mayor parte de los lectores, especialmente a los médicos. Y, sin embargo, no son aseveraciones gratuitas o infundadas. Es más, la Nueva Medicina de Hamer da respuesta a la causa de la mayor parte de las enfermedades así como pautas sobre su curación. Una Nueva Medicina que se fundamenta en cinco Leyes Biológicas que explican no sólo qué es el cáncer sino cómo se cura: dejando simplemente actuar al organismo. Pero como quiera que su explicación requiere cierto espacio para que el lector lo comprenda bien le invito a leerlo el próximo mes en detalle.
En todo caso, debo adelantar ya desde este instante que si bien la mayor parte de las afirmaciones de Hamer son correctas y las ha demostrado fehacientemente discrepamos con él en una cuestión importante: en su afirmación de que todo cáncer tiene un origen traumático. Esa afirmación cabe matizarla porque, a juicio de otros muchos expertos, sólo es cierta en el 80 u 85% de los casos. En la mayoría, pues, pero no en todos. Y es que existen causas externas no psíquicas ni emocionales que pueden provocar un error de decodificación en las células que las lleven a cancerizarse como ya explicamos en los dos primeros artículos de esta serie.
Ello no obsta, empero, para que las aportaciones de Hamer nos hayan permitido entender a todos mucho mejor qué es en realidad el cáncer y cómo se cura y, por tanto, merezcan nuestro más sincero reconocimiento. Hablaremos de todo ello en el próximo número.
José Antonio Campoy
Director Discovery Salud.
Curación del Cáncer: Entrevista al Dr. Hamer en 1994 en TVE2 sobre la “Nueva Medicina” por la que fue encarcelado.
La Curación del Cáncer: Entrevista con el Dr. Ryke Geerd Hamer en TVE2
Después de esta entrevista, el Dr. Hamer fue encarcelado y puesto en libertad tras 535 días de prisión vergonzosa en Francia.
A continuación la editorial de la revista Discovery Salud.

EL CASO HAMER Y LA PODREDUMBRE DEL SISTEMA JUDICIAL…
El encarcelamiento del mundialmente conocido médico alemán Ryke Geerd Hamer tras su detención el pasado 9 de septiembre en la provincia de Málaga -donde reside desde hace años- tras ser extraditado a Francia en cumplimiento de una euroorden emitida por el tribunal de Gran Instancia de Chambery -que tramitó el Juzgado Central de Instrucción nº 1 y aceptó finalmente la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional en auto emitido el 11 de octubre pasado- constituye a nuestro juicio uno de los episodios más vergonzosos de la historia de la Medicina y un borrón para todo el sistema judicial europeo. En el momento de escribir estas líneas el doctor Hamer se encuentra aún preso en una cárcel del sur de la capital gala -en Ste. Généviève des Bois- de forma preventiva, es decir, para asegurarse de que estará presente en el juicio que debe decidir sobre el recurso de casación presentado ¡por él mismo! contra la sentencia que se dictó en su contra estando oficialmente “en rebeldía” (a pesar de que su ausencia estaba médicamente justificada y había solicitado nueva fecha para su celebración). ¿Y qué tremendo delito ha cometido para que se ordene su detención preventiva durante semanas y nada menos que emitiendo una euroorden cuando la condena recurrida fue de sólo 3 años? Pues resulta que ha sido condenado por “complicidad en el delito de ejercicio ilegal de la Medicina” -delito que no existe jurídicamente- así como por “estafa”. Pero, ¿sabe el lector en qué ha consistido esa “complicidad”? Pues resulta que una enfermera llamada Sitx que había leído las obras de Hamer aconsejaba a las personas con las que se relacionaba que no se sometiesen a quimioterapia y radioterapia -terapias que como todo el mundo sabe no curan el cáncer- y siguiesen los consejos de lo que el médico alemán plantea en su tratado “La Nueva Medicina”. Y que, de forma resumida, se podría decir que consiste en dejar al cuerpo que se autocure tras resolver el schock traumático inesperado que, vivido en soledad, produce la inmensa mayoría de los cánceres según los postulados de Hamer. Bueno, pues los jueces franceses dictaminaron que los consejos de la mencionada enfermera constituyen “ejercicio ilegal de la Medicina”; y como ésta lo que hacía era en el fondo contar a los enfermos lo que Hamer afirma… se le consideró a éste “cómplice de ejercicio ilegal de la Medicina”. Estupidez a la que se agregaría que Hamer lo hizo además estando entonces inhabilitado temporalmente para ejercer la Medicina por lo que sus consejos o sugerencias -por las que jamás cobró- los daba por tanto como “curandero” y no como médico. ¡Increíble! En cuanto al delito de “estafa” se dice que lo cometió por “abusar” del “estado de debilidad” de los enfermos de cáncer al hacer gala de su condición de médico e “incitarles” a que comprasen sus libros y le ayudasen económicamente con donaciones. Tal es la ¡estafa! cometida. Esperpéntico. Como el lector imaginará la conmoción en todo el mundo es notable y decenas de miles de e-mail atraviesan hoy cada día Internet expresando su indignación, muchos de ellos de médicos. Sirva como ejemplo que una asociación italiana que inmediatamente se movilizó -A.L.B.A.- hizo llegar más de 3.000 firmas en sólo unos días a Amnistía Internacional solicitando su apoyo ante tan flagrante injusticia. La respuesta de la representante de la organización para Francia y España, Veronika Nelson, es que conocen el caso pero han decidido no intervenir “porque Francia no es un país en el que haya evidencias de que el doctor Hamer pueda ser maltratado o torturado” y “valorar si alguien es víctima de un posible error judicial no entra en la política de Amnistía Internacional”. La nota termina agregando que además “carecen de los recursos humanos y financieros para intervenir en cada caso de violación de los derechos humanos.” ¡Como si el caso de Hamer fuera un asunto individual! Los casos de Sixt y Hamer afectan ¡a todos los médicos y enfermeras del mundo! ¡Y a todos los que mañana podemos encontrarnos con que basta dar un simple consejo a un amigo sobre qué tomar si está resfriado para poder ser acusados, en el caso de que tal memez alcanzara rango de jurisprudencia, de “intrusismo profesional”. Aministía Internacional se equivoca pues profundamente ya que muchos casos individuales determinan luego normas legales que después son de aplicación general y nos afectan a todos.
Hamer no es un estafador. Es doctor en Medicina Interna con el título de Radiólogo y posee además las especialidades de Psiquiatra y Pediatría. Y sus postulados sobre cáncer han sido refrendados por personalidades y centros de reconocida categoría. En 1984 se verificaron en la Clínica de Cardiología de Viena. En 1988 admitieron haberlo verificado el profesor titular de la cátedra de Cancerología de la Universidad de Viena Jórg Birkmeyer y su colega el doctor Rozkydal. En 1992 lo volvería a verificar el profesor E. A. Stemmann en un comunicado oficial de la Facultad de Medicina de Dusseldorf. En 1997 lo haría el psicólogo clínico Marc Fréchet. Y en 1998 lo haría oficialmente el Instituto Oncológico S. Elisabetta de Bratislava y el Departamento Oncológico del Hospital de Trnava en Eslovaquia. Sin olvidar los centenares de trabajos y libros donde otros muchos médicos, psicólogos, psiquiatras, biólogos y químicos se hacen eco -muchos de ellos entusiasmados- de sus descubrimientos y de lo que para el mundo significa la “Nueva Medicina”
Es obvio que lo que está sucediendo en el ámbito sanitario en todo el mundo es un escándalo. La corrupción alcanza ya a todos los niveles.
José Antonio Campoy

Descubren raíces judías. Indios del Colorado


Amor y dolor me unen a mi hijo autista

Mundos íntimos.

Cómo “tocar” su corazón. La comunicación entre los padres y un hijo con Trastorno Generalizado del Desarrollo existe y tiene momentos en que se comparten emociones y ternura. Pero el día a día es difícil y necesita paciencia, amor y no preguntarse por qué se dieron así las cosas.
Hoy, con papá y mamá. Carlos considera que su esposa, Cristina, es una heroína por todo lo que logra. / JUANO TESONE.
Hoy, con papá y mamá. Carlos considera que su esposa, Cristina, es una heroína por todo lo que logra. / JUANO TESONE.
    Carlos Battilana Docente De La UBA Y Poeta. Entre Sus Libros Figuran “Velocidad Crucero” Y “NarracioN”
La historia de Marcos está llena de avatares. Tiene veintidós años. Padece Trastorno Generalizado del Desarrollo, un trastorno que comprende el amplio espectro del autismo. Dar cuenta de nuestro vínculo es narrar una historia de detalles e indicios que para mí son pequeñas gemas de vitalidad.
1.- Libros.
A Marcos siempre le gustaron los libros. Mirarlos. Tocarlos. Detenerse en algunas de sus imágenes de manera casi hipnótica. Sin embargo, no sabe leer. Es paradójico. Cristina, la madre de Marcos, y yo, somos profesores de lengua y literatura. Durante mucho tiempo hemos enseñado en escuelas medias y universidades a jóvenes estudiantes. En los primeros años le regalamos a Marcos infinita cantidad de juguetes.
Pasado un tiempo, un promotor trajo unos libros grandes y coloridos a una de las escuelas donde trabajábamos. Decidimos comprarle a nuestro hijo, aún pequeño, un diccionario. Corría el año 1994 y desconocíamos que padecía de autismo. Era un precioso diccionario para el futuro, para el momento de ir a la escuela. Ese regalo era una especie de tesoro que podría valorar más adelante. Una reserva llena de palabras, acepciones y símbolos. Le escribí una dedicatoria que hace poco releí y que, debo confesar, me dejó temblando: “Cuando leas las palabras de este libro, no olvides que mi forma de nombrar es una forma de tu presencia. Te quiero. Tu Papá”. Marcos a ún hoy me alcanza algunos de sus antiguos cuentos, descoloridos y ajados. Me los muestra. Como su atención es frágil –una bomba de tiempo a punto de hacer trizas su empeño–, en medio de mi lectura es frecuente que se levante y abandone el sillón. Luego regresa.
Le he contado numerosas historias. Él escucha mi voz. Me mira con sus ojos negros. A veces sonríe.
Me pregunto, a menudo, cómo tocar el corazón de Marcos.
Como es sumamente cariñoso, me abraza, huele mi pelo, me toma de la mano para ir a pasear. En ocasiones caminamos por el barrio, una zona de casas y árboles en el conurbano. Mi hijo camina a la par mía, tuerce su cuerpo, lo abrazo; a veces emite un sonido gutural. En esas caminatas, durante años, me sentí acosado por la mirada ajena.
Hoy soy casi inmune, y hasta me causan gracia los ojos desorbitados que observan a Marcos con tenacidad. Experimento una extraña risa interior. Y una simple constatación de que mis sentimientos se han modificado frente a estos episodios. Los movimientos imprevistos son un rasgo de Marcos. Quizás ese sea su mal. Tiene lo que se denomina un déficit de la atención.
¿Qué mira Marcos? ¿En dónde pone su atención distraída?
Durante mucho tiempo, irrumpía en mi escritorio y desordenaba los papeles. Eso me abrumaba. Yo debía trabajar en la computadora, corregir parciales o responder mails.
Presumí que Marcos quería conocer qué hacía su papá. Hace un tiempo compré un sillón bastante cómodo y lo instalé en el escritorio. Marcos suele sentarse allí. Apoya sus pies en la cuerina. Yo lo saludo con un guiño. Sonríe decididamente. Ese sillón le agrada y podemos estar juntos. Yo lo observo. Y él a mí. Silenciosamente. Ambos nos observamos, conociéndonos a través de una invisible y antigua señal.
2.- Profesionales.
Cuando nos informaron en el jardín de infantes que Marcos era un niño que no se adaptaba al medio escolar, nosotros, padres primerizos e inexpertos, vivimos por un tiempo en estado de shock, perdidos en medio de palabras y voces diversas. En algún sitio escuchamos la palabra “irreversible”, y ese término nos hundió en una tristeza hostil, llena de sombras. Fue un tiempo en que hicimos numerosas consultas. Yo estaba anonadado. Vivíamos en una tensión perpetua de expectativas y desazones. En una de las consultas, alguien le hizo una prueba a Marcos.
Deseábamos que pudiera desarrollar una vida social. Haríamos lo que fuese necesario.
La psicóloga le mostró un pizarrón en el que había escrito el nombre de nuestro hijo. Por aquellos días, Marcos decía algunas palabras e, incluso, algunas frases. Según el relato de la psicóloga, en la sesión, nuestro hijo había indicado con el índice la palabra escrita y había dicho: “marrón”. Una interpretación en relación con la genealogía familiar llevó a la psicóloga a concluir que esa palabra designaba su propio nombre.
Luego de un tiempo, curtidos en estas misteriosas interpretaciones, Cristina y yo, que no somos reacios al psicoanálisis, decidimos evaluar qué camino sería el más conveniente. Iniciamos un tratamiento de resultados irregulares. En ese trance nacieron nuestras hijas, Sofía y Emilia: una fuerza de amor que iluminó los días. Trabajábamos durante la semana. A veces podíamos salir.
Durante ese lapso no dejé de escribir poemas. A veces, ya cansado, mientras todos dormían, encendía la lámpara, y escribía un rato, como si en ese gesto hubiera una oportunidad. En 1999 publiqué un pequeño libro cuyo título es El fin del verano. Era un tiempo en el que yo estaba activo, pero también desolado. Allí incluí un texto que se llama El dolor. Era un poema muy breve: Esta línea me separa de vos./ Mi hijo duerme/ y casi veo/ en su sitio alejado/ parte de mi cordura./ La quietud de las tardes/ espanta. ‘Yo’, ‘hijo’/ ¿dónde se halla/ lo específico/ de estas palabras?// Hay una retórica de la verdad/ hay como una evidencia/ –hijo, ‘hijo’–/ que calma . Pensar en términos de utilidad el lenguaje poético, muchas veces, puede estar reñido con su naturaleza. Sin embargo, escribir esos textos fue una forma de procesar el dolor, quizás un antídoto al hecho de saber que mi hijo era un individuo frágil, una especie de carabela en medio de un mar embravecido.
Sabía que Marcos necesitaría nuestra protección durante toda su existencia, interminablemente, más allá de nuestros días. Ese puñado de textos fue un modo personal de transitar esta experiencia. Nuestra comunicación se sustenta en abrazos, gestos, sonrisas. Y también le agrego esos pequeños testimonios que son la forma silenciosa de decirle cuánto lo amo. No sé dónde irá esa energía poética. Su pura inutilidad. Sólo es una forma de comprender aquel naufragio inicial.
Jaime Tallis, un prestigioso neurólogo que atendió a Marcos durante muchos años, nos dijo en una ocasión que las personas autistas, a veces,son reacias a los tratamientos. Al comienzo de esta experiencia, bajo el imperio del psicoanálisis, intentamos una estrategia esencialmente lúdica; luego, nos dijeron que esa estrategia era inocua. Después, bajo el imperio del conductismo, intentamos una rutina estabilizadora: lograr un aprendizaje mediante la repetición. Tampoco fue fructífero.
No puedo idealizar nuestra vida. Cristina es una especie de heroína que lidia, suave y respetuosamente, con las huestes de la burocracia. Lucha todos los años con las obras sociales. Lleva papeles, envía mails, solicita firmas, llama por teléfono. Oscuras y hostiles secretarias le hacen conocer su voz al otro lado de la línea y, también,dan cuenta del pequeño poder que ostentan.
La consecuencia de tanta energía es un pago a destiempo al centro terapéutico al que asiste nuestro hijo y una retribución incompleta al transporte que lo lleva. Cristina mitiga esos huecos apelando a alguno de nuestros recursos materiales, pero sobre todo a una infinita persuasión retórica. Un rosario de buenas intenciones forma parte de la cantinela de las obras sociales, pero al mismo tiempo se percatan de que puedenmedrar con el cansancio de los familiares. Este es el paisaje en el que combaten muchos padres todos los años. Mi mujer forma parte de ese enorme ejército agobiado. Yo acompaño esa procesión silenciosa con una lista de instrucciones. Provisto de disposiciones legales en la memoria, voy dispuesto a franquear oficinas, secretarías y ministerios. Mi éxito, casi siempre, es módico. Hemos intentado diversas cosas. En todo sentido. Hemos viajado en el colectivo 34 para ir a un consultorio por la zona de Villa Crespo. En otra etapa, por la zona de Belgrano, asistíamos a un espacio estatal llamado La Cigarra. Ya en el oeste, con mi hijo adolescente, me levantaba diariamente a las seis de la mañana. Paso a paso, como en cámara lenta, preparaba el desayuno. Despertaba a Marcos; lo vestía. Lo acompañaba al baño.
Tardaba dos horas en esa rutina diaria.
A veces, debía cambiar su ropa otra vez, mientras la combi que lo llevaba al centro terapéutico tocaba bocina al otro lado de la puerta. Durante años, también, lo hemos llevado a distintos natatorios. Marcos se hacía conocer en el agua, a la que siempre amó. El agua es un bálsamo que no sólo le da paz, sino que también protege su cuerpo. Fuimos juntos al natatorio del Club Amigos de Villa Luro. Luego, a piletas en Hurlingham. En esos sitios todos lo conocían, lo saludaban cariñosamente.
3.- Ramitas.
El mundo de Marcos está lleno de dificultades. En ocasiones imagino cosas atroces. A veces, cosas hermosas.
No soy fuerte.
Sin embargo, constato que un hilo invisible me conecta con mi hijo. Pequeñas acciones y episodios han armado esta historia (caminar, nadar, leer, viajar a Mar del Sur y Córdoba en busca de campos donde correr libremente). Sin embargo, estamos cansados.
Frente a discursos positivistas que hacen de la eficacia de la conducta su objetivo, o discursos que proponen orígenes inasibles, nos miramos con Cristina a la cara, nos abrazamos sin preguntarnos por qué pasó todo esto, y hacemos del presente nuestro único capital.
No hay resignación. Y mucho menos, serena sabiduría. No sabemos nada acerca del futuro. Esta experiencia que la vida nos tenía reservada la sitúo en el único lugar posible, el lugar del amor. También en un consciente acto de voluntad. Allí, en ese sitio amoroso, construido con ramitas diarias y pequeñas convenciones, han convivido la ira y la tristeza. El dolor atravesó muchas veces mi corazón. José Martí hablaba de la “pasión de los padres”. ¿En qué consistirá esa pasión? ¿Qué formas adquirirá en cada uno de nosotros?
A veces las pasiones vienen adosadas a antiguos mandatos que los hijos se encargan de deshacer, sabiamente. La vida tiene sentido, también, en el ejercicio de la pasión y la paciencia. Rozo a Marcos con mis manos. Veo sus ojos oscuros. Me mira. Sonríe. Me interroga de alguna manera.
Le digo “te amo, te amo”. Eso fue lo que aprendí, entonces, en los días de la vida. “Aquí estoy, Marcos”, le digo, mientras acaricio su pelo. Y agrego: “Hemos avanzado juntos en algún sentido.”

Breve guía para aumentar tu desempeño mental sólo con comida

LA CIENCIA DE LA ALIMENTACIÓN QUE FAVORECE EL DESEMPEÑO MENTAL Y LA PRODUCTIVIDAD

POR: PIJAMASURF 

brain27032014
Generalmente tenemos poca conciencia de cómo diferentes alimentos afectan no sólo nuestra salud física sino también mental –claramente un binomio inextricable. Muchas de las personas que mayor importancia le dedican a su desempeño mental, varias de ellas trabajando en labores creativas por largas horas consecutivas, poco invierten en una alimentación favorable que contribuya a mejorar su rendimiento cognitivo –y si bien es cierto que muchas de estas personas pueden pasar decenas de horas sin comer viviendo de té, café o nootrópicos y que el ayuno es también un poderoso aditamento cognitivo, a mediano plazo estos hábitos pueden ir en detrimento de un rendimiento integral.
Por lo anterior, conviene revisar un poco lo que sabemos de una alimentación cognitivamente amigable. Quizás lo primero que hay que hacer es recordar que los alimentos contienen una gran cantidad de sustancias –vitaminas, minerales, metabolitos botánicos, glucósidos, ácidos grasos, etc.– que afectan de manera distinta a nuestro cuerpo y contribuyen a generar neurotransmisores, hormonas y mensajeros químicos indispensables para el funcionamiento del cerebro. No es exagerado decir que los elementos son también drogas y tienen diferentes efectos (esto puede constatarse fácilmente cuando dejamos de tomar azúcar y volvemos a tomar una bebida o un alimento cargado de azúcar). La mejor forma de empezar es observando qué es lo que nos sucede cuando comemos ciertas cosas. Ir tomando notas o simplemente estar muy atentos a cómo fluye nuestro pensamiento después de haber desayunado o incluso cómo nos puede estar afectando la cena de ayer y el apilamiento de nuestra dieta.
La Universidad de Harvard ha compilado una serie de lineamientos básicos para procurar el buen funcionamiento mental y alimenticio. Para empezar es importante recordar que casi todo lo que comemos es convertido en glucosa –la gasolina de nuestro cerebro– y cuando tenemos poca glucosa esto hace que nos cueste trabajo concentrarnos. Algunos alimentos ricos en carbohidratos como la pasta, el cereal, el pan, la fruta o la soda tienen un ritmo de liberación de glucosa muy rápido seguido por una caída. Alimentos ricos en grasa y proteína tienen una liberación más sostenida pero  requieren que nuestro sistema digestivo trabaje más duro, reduciendo en ocasiones los niveles de oxígeno (esto especialmente ocurre cuando se comen cosas como una hamburguesa de queso).
Se recomienda decidir qué vas a comer antes del momento en el que se tiene mucha hambre, ya que cuando estamos mentalmente drenados solemos preferir papas francesas o pizza a ensalada.
Otro tip es no dejar que los niveles de glucosa bajen hacia la hora de la comida, manteniendo una alta meseta, sin crestas ni valles, comiendo poco más veces. Hay un adagio atribuido a Confucio que es citado como una de las claves para longevidad: “hara hachi bu”: come hasta que tu estómago esté 80% lleno y camina 90 pasos después de comer. Todos sabemos que cuando comemos demasiado de alguna manera tapamos nuestra fluidez mental y viene una baja de energía. Se recomienda utilizar nueces y moras como snack –con el cuidado de no abusar, especialmente de las nueces. Aquí hay un círculo virtuoso en potencia: se necesita cierta capacidad mental de control para poder comer menos y esa frugalidad hará luego que nuestro cerebro funcione mejor y sea más fácil seguir comiendo menos y tomando mejores decisiones.
Los alimentos que favorecen el desempeño mental suelen ser frutas y verduras –especialmente aquellas orgánicas, que contienen suficientes trazas de oligoelementos. Un estudio publicado en el British Journal of Health Psychology mostró que entre más cantidad y diversidad de frutas y verduras comieron los participantes en el estudio registraron un mejor índice de felicidad, creatividad y motivación. Los investigadores teorizan que esto se debe a que las plantas proveen nutrientes vitales para la producción de dopamina, la cual es clave en la motivación y curiosidad. Además contienen antixoidantes que minimizan la inflamación y mejoran la memoria.
Otro estudio reciente mostró que una dieta rica en flavanoles, como los que se encuentran en el cacao, puede revertir la perdida de la memoria.
En su libro Brain Grain, el Dr. David Perlmutter sostiene que una de las principales causas de las enfermedades neurodegenerativas es el consumo de gluten (y otros alimentos inflamatorios).
Uno de los alimentos cognitivos élite sin duda es la cúrcuma. Un estudio mostró que esta especia usada ampliamente en la comida india llega a superar a algunos antidepresivos farmacológicos en combatir la depresión y es también un poderoso antiinflamante. Sin embargo, para que sea efectiva y cruce la barrera sanguínea del cerebro conviene emplearla junto a la pimienta negra, con la cual forma una sinergia. No sólo somos lo que comemos; sobre todo, somos lo que absorbemos, y en este sentido se puede ayudar al cuerpo a absorber ciertos nutrientes y compuestos químicos.
Por último, otro grupo de alimentos que deben entrar en esta somera clasificación de alimentos nootrópicos son los prebióticos y los probióticos. Estudios muestran que el yogurt –rico en bacterias comensales– también tiene un uso medicinal para tratar la depresión. Alimentos como el kimchi coreano, el pulque mexicano, los vegetales fermentados o el vinagre de manzana son buenas opciones para consumir una dosis sana de bifidobacterias y lactobacilos. Carbohidratos complejos como los oligosacáridos, al igual que el almidón resistente, son buenas opciones para fomentar el crecimiento de bacterias que forman una relación simbiótica con el sistema inmune y el segundo cerebro (el sistema nervioso entérico) y son responsables de la producción de ácidos grasos de cadena corta e indirectamente, de la producción de neurotransmisores como la serotonina (90% de la cual se produce en el intestino).
Podemos concluir con la reflexión de que lo que ocurre en nuestro estómago está mucho más ligado de lo que pensamos con nuestro cerebro. Lo que pensamos es también lo que comemos y cómo comemos.

domingo, 26 de octubre de 2014

Philip Wollen: Los animales deben estar fuera del menú. (Español)


Philip Wollen sacude las vigas del techo de la sala con sus 10 minutos de discurso a favor de los animales en el St James Centro de Ética y el debate Wheeler Centre en Australia el 16 de mayo de 2012. 

 EXTRAORDINARIO, EXTRAORDINARIO!!! QUÉ CLARIDAD DE CONSCIENCIA 

LA DE ESTE HOMBRE.